Expo «Calor en la Habana» Miguel Ángel Couret – 2004

Apoteosis del relajo

Couret no toma nada en serio, se ríe de todo, hasta de él mismo. Su obra siempre ha sido un constante “juego” con las circunstancias de todo tipo mediado por el sinuoso camino que ha tomado el arte en los últimos tiempos. Sus trabajos, signados por la carnavalización, recaban en la Historia del Arte para usar, sin pudor alguno, elementos heteróclitos que le permiten desacralizar cada historia inventada.

Calor en La Habana pulsa un discurso intertextual donde la ironía y el absurdo rigen la trama. El choteo se instaura en estas cartulinas (…) como un peculio psíquico tropical, con el cual nos condenamos o nos salvamos”(1). En su “tirarlo todo a relajo” erige a La Giraldilla, símbolo de nuestra nacionalidad y emblema de la capital, en chivo expiatorio para comentar sobre la urgente necesidad de “tomar aire”, de ventear la cultura para ventear lo social. Por eso coloca a esta escultura, situada originalmente en el Castillo de la Real Fuerza, como una figura cercana que se echa fresco, agotada por la temperatura de la Isla. En ocasiones ésta aparece frente a un ventilador, en otras con un simple abanico, en un gesto que dimensiona el texto proponiendo la apertura del arte a la vida y viceversa.

Couret se ha especializado en el grabado, pero en los últimos años ha incursionado en la pintura, aunque en estas obras se advierte una tendencia marcada a estructurar la composición de manera gráfica (con mucha incidencia de lo dibujístico), demarcando las áreas. Al mismo tiempo la articulación de una morfología de sello neo-figurativo y expresionista de cariz gestual -que junto al pastiche da pie a una sensación de desorden, de confusión, de subversión-, redunda en una composición barroquizante y anárquica sin aparente coherencia, donde se hace difícil la lectura. Y es que el uso del choteo (…) comporta una negación de la jerarquía, que para ciertos tipos de idiosincrasia tropical es siempre odiosa. Todo orden implica alguna autoridad”(2) y Couret quiere estar “relajao”.

Hay algunas figuras de la historia del arte que llaman la atención del artista. Robert Rauschenberg, por ejemplo, es una de ellas. El artista pop planteó en una ocasión: “la pintura está en relación con el arte y con la vida. Ni aquel ni ésta pueden ser fabricados. Yo intento actuar en la brecha que los separa”(3). Algo similar intenta el pinareño al apropiarse en sus piezas de fragmentos de reproducciones de obras del norteamericano, así como de otros artistas contemporáneos. Luego les añade encima otros elementos formales y pintura creando nuevos sentidos. Al colocar junto a las imágenes de Rauschenberg códigos del contexto cubano el artista sugiere ideas que no se definen totalmente. Esta característica fue una de las constantes en el arte de corte figurativo a partir de los años sesenta y sobre todo en el pop. A veces en la propuesta de Couret se respira cierto aire de indeterminación.

A pesar de la heterogeneidad formal se aprecian recurrencias en este discurso: el arlequín, la silla, la bicicleta, la Isla de Cuba, el faro, la columna, por ser códigos de lectura polivalente tanto en el arte, como en lo cotidiano. Con la columna, por aludir a uno de ellos, el artista construye monumentos disímiles en franca actitud irónica ante los afanes megalómanos de determinadas estructuras sociales.

La narratividad fragmentada de Couret se resuelve en atmósferas caracterizadas por la inquietud, y domina en estas piezas una gestualidad informalista aunque acuda a la figuración. Como buen librano se las agencia para hacer comentarios sobre el estado de cosas actuales en su Isla caribeña, sin caer en la obviedad. Cuando hace mofa alrededor del clima en la mayor de las Antillas toca de manera jocosa la situación de precariedad del contexto, a veces “cocinado” en su propia salsa. ¿Acaso alude a un calor no compartido?, o por el contrario, ¿Querrá hablarnos de la inexorable contaminación y dilatación de nuestro ser insular hacia otras dimensiones? Lo que no da lugar a dudas es la capacidad del autor para burlarse de sus propias tribulaciones con un oficio que sabe de trucos y mañas. (Ver Galería de Imágenes)

Amalina Bomnin
junio y con bastante calor

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