Expo personal “Intimidades y Resistencias”, del artista visual Juan García Miló – mayo 2019.

Por el MSc. Heriberto Acanda Ramos. (Ver Galería de la Expo)

El rostro da menos de lo que promete, no es el signo verídico de una interioridad y además la promesa de interioridad es falsa, y peligrosa porque al cabo mostraría la abominación que es el individuo.

El conjunto de obras de Juan García Miló presentadas en esta exposición y producidas entre los años 2015 y 2019, concebidas como síntesis de una trayectoria propone, a quien la observa, la dimensión global de un proyecto. Percibir finalidad y proceso de desarrollo en este puede ser una propuesta alentadora para el espectador.

Un juego de interacciones se manifiesta en los diferentes niveles organizativos del proceso pictórico; entre los colores y las formas se asiste a un constante debate en redefinición de reglas respectivas; a nivel de la significación, lo que siempre está en juego es una tensión, un contraste, un conflicto, una atracción una repulsa, un misterio o una revelación.

De ahí le viene a sus dibujos y pinturas una vibración especial cuyo sentido podría ser el rumor de voces antiguas que el tiempo ha convertido en fuentes de conocimientos, sus temáticas son el motivo generoso del inmenso espacio creativo: son los retazos de reyecillos, aristócratas y funcionarios sociales inmóviles.

En Intimidades y resistencias…, los dibujos y pinturas de Miló nos muestran un retrato individual hierático, retrato neutro, precisamente en la dirección opuesta a la de otros contemporáneos, no vemos en esto un signo de ausencia de alma sino de integridad del ser que se mantiene ajeno a gestos, tiempos, experiencias… El rostro del retrato, como sus ideas creativas se refiere a individuos anónimos o con nombre, ensalzando la imagen en una máquina individualizadora, el hecho de fijar sus personajes en un retrato contiene ya una separación de la esfera de la masa.

En la mayoría de sus obras el artista fija la máscara, el verdadero sujeto no está. Pero cabe preguntarse si acaso no es esta la única identidad posiblemente reclamable, la otra es invisible, no sabemos siquiera si está al acecho, y probablemente sea tan informe que no se pueda afirmar su existencia nuclear sino tan sólo como retazos de sombras de esa otra configuración construida, artificial y falsa pero única, identidad social.

Con la valoración de este proyecto expositivo puedo señalar la “derrota del rostro” (entendiendo esto como la pérdida de la antigua confianza en el rostro para nombrar la individualidad humana). Puede seguir diciéndose que el retrato está muy vivo, y también que se muestra contradictorio, plural, inestable, diverso… Si la situación actual es así, ¿Cómo no iba a ser el retrato reflejo de ello?, pero ¿crees que el retrato sin rostro sigue siendo retrato?

Vivimos en un mundo lleno de imágenes que no sabemos para qué están, de manera que hay que tomar consciencia sobre del carácter público y privado de la difusión que hacemos respecto de nosotros mismos en cuanto a la imagen para simplemente consumirla o para contemplarla y reflexionar sobre algún tema en particular.

Quizás la belleza de alguien no está en su rostro, es algo que tiene más que ver con su yo interno; muchas veces podemos ver hermosura en los problemas de identidad, en no saber quiénes somos, en tener una imagen borrosa de nosotros mismos.

Sobre todo eso gira el particular universo de García Miló, la original y desasosegante manera que tiene de plasmar sus criaturas sin rostro, con la cara emborronada o desdoblada en curvas imposibles. Observar su obra es como tener un viaje astral en el que la mente y el alma abandonan un cuerpo que queda relegado a ser una mera carcasa de lo que somos. Juan nos sacude y nos recuerda que es humano no encontrarse, no verse, no identificarse, y que también puede haber delicadeza y preciosismo en ese caos interno, en esa confusión de tonos y colores … (Ver Galería de la Expo)

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