Expo Quinta Edición del Salón Adquisición Arturo Regueiro 2017

… la esencia secreta de las cosas

Frente al caos de los recuerdos, el coleccionismo es, en definitiva, una forma de ordenar el mundo, de catalogarlo. Saramago escribió que el coleccionista se rige por la “angustia metafísica”, porque “no consigue soportar la idea del caos como único regidor del universo”. En esta madeja de memoria, algunas obras y algunas remembranzas se hacen más patentes que otras.

Reconociendo los cambios registrados en los últimos años tanto en el perfil del coleccionista como en el de las colecciones, esta aproximación señala que el coleccionismo de arte en Cuba sigue teniendo mucho de reto, del mismo modo que sigue pendiente la sensibilización real de la sociedad por el arte.

Los coleccionistas pinareños son pocos, y aún son menos los que se conocen públicamente. La dificultad para acceder a este agente del llamado sistema del arte es, a su vez, uno de los síntomas más reveladores de su situación.

Pero hay que destacar que en las colecciones de arte llevadas a cabo por particulares en los últimos tiempos asoman nuevos valores: unen pasión, proyecto intelectual en algunos casos desarrollados muy profesionalmente y deseos de compartir sus obras patrimoniales con los espectadores.

Las recientes intervenciones públicas de algunos coleccionistas cubanos apuntan a una noción del coleccionista con mayor peso de lo racional. Además de la apertura de las colecciones al público o la contribución a la vida de las instituciones culturales, esta proyección incluye en la actualidad aspectos como la formación del público y el apoyo a los creadores.

El coleccionismo y el patrimonio cultural, tiene que ver con nuestra política cultural y tiene que ver, también, con el pensamiento cultural que debe presidir las estrategias institucionales cubanas, con una postura ética ante el arte y ante la creación.

Lo menos que se puede hacer en un país como Cuba -donde tan importante ha sido el valor de la obra y del artista- es mantener a toda costa estos espacios, esas alternativas para que el buen arte y la buena obra prevalezcan por sobre la mediocridad y el oportunismo.

El riesgo es que empieza a estar en crisis el sistema de valores, que es el que legitima, el que acredita las tendencias, los artistas, los procedimientos, las formas de construir la Historia del Arte.

Las obras de estos quince artistas participantes, navegan por espacios plásticos múltiples, pero implantan coincidencias en la exploración de territorios particulares, en ciertas prácticas obsesivas con formas y procesos que se convierten en imperiosas y vitales, porque de otra manera no se alcanzaría el estallido crítico que hace brotar la esencia del sentido.

Y en otro plano, la mayoría de las obras reafirman una búsqueda y construcción de imágenes sobre procesos y vivencias, impregnadas de unas políticas de identidad que revisan y repiensan historias personales o situaciones definitorias ligadas al entorno.

Nuestras iniciativas para fomentar la educación del gusto estético y el coleccionismo de arte están íntimamente ligadas. El coleccionismo atesora saber, recuerdos, pedazos de vida y retazos de sueños. Le asigna una coherencia interna a una fracción del mundo, el del arte, que, como diría Aristóteles, tiene el honor de dar cuerpo a la esencia secreta de las cosas. (Ver Galería de Imágenes)

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