Expo «Ecos interiores» de Margarita Fernández Cruz – Octubre 2017

Me he sentido satisfecho de mí mismo
Cuando he descubierto, por ejemplo, que el
Sol no podía ser reproducido, sino que
era preciso representarlo por otra cosa…por color.

Paul Cézanne.

La pintura es un estado mental, «un estado del alma» decía Joaquín Sorolla. El artista que hace de su trabajo un estilo de vida pinta todo el día, todos los días. Pinta hasta cuando no pinta. Cuando duerme pinta, cuando piensa pinta. El regalo de ser pintor lleva escondido el veneno y la carga dulce de la total dedicación y entrega.

Pocos creadores tienen la libertad de Margarita Fernández para hacer su trabajo. Silenciosa, se refugia en su timidez y vierte sobre el lienzo infinito: imágenes, ternura, movimiento y color.

Su obra plástica es la manifestación de un espíritu fino y cultivado que se expresa por el manejo elegante y refinado de un colorido original y delicado con visión poética de las formas.

El color es una inquietud que Margarita habitualmente manifiesta en sus obras. Rebusca en sus matices, analiza la gama, se refugia en la luz y la sombra; esa preocupación le ha permitido crear parámetros que hacen distintiva su producción plástica.

La intención de la artista parece ir más allá de lo que a simple vista deducimos y es, por un lado, mostrar otra forma de decir las cosas y, por otro el profundo sentido poético que rige cada uno de sus trabajos, tal vez por su confabulación con la poesía.

La exposición Ecos interiores, reafirma una búsqueda y construcción de imágenes sobre procesos y vivencias, impregnadas de unas políticas de identidad que revisan y repiensan historias personales o situaciones ligadas al entorno familiar.

Al apreciar sus dibujos y pinturas comprendemos que crear artísticamente es difícil y requiere la atención absoluta de la mente y la mano en la observación fría, recreadora, callada y constante. La artista desde su mundo interior: busca, corre, se siente atrapada entre los fondos marinos. Examina un rostro, un cuerpo, una mirada cómplice entre melodías y notas musicales.

En las temáticas creativas de Fernández no encuentro nada más fascinante que el trabajo sigiloso y quieto que supone quedar a la espera de que el cuadro te hable, que termine de pintarse a sí mismo, exige estar alerta y saber cazar al vuelo la inspiración, la luz que se esconde tras un proceso creativo diferente; una ecuación no escrita de cientos de parámetros que muchas veces se resuelve en espera, quién sabe, de que un día sus esencias consigan atrapar el ADN que late bajo la magia de su arte.

Su creación artística es la impronta de una forma de comprender la existencia; la desnudez femenina, como representación simbólica, le permite desarrollar una obra prolífica y con gran riqueza de formas, cromatismos y texturas. De la figura femenina brota la belleza y la artista establece la relación del Mar con la mujer dadora de vida. Sus obras son inspiradas en relatos, canciones y diversas lecturas, como la mujer poesía y cuerpo de sirena o las jóvenes que tienen fuego en sus pechos y arden apasionadamente pudiendo consumir a los que se acercan, lo que nos recuerda el cuento de Galeano donde se ve a la humanidad como un mar de fueguitos.

Margarita en esta exposición supera limitaciones con la seguridad que le da el no tener compromisos más que con su conciencia discrepante. Demuestra, que la viabilidad de un proyecto –por sencillo que parezca- depende, sobre todo, de la honestidad del planteamiento, de la ausencia del temor al qué dirán y, más que nada, de la necesidad de cambio, que es lo que debe dirigir la noción de una artista sincera o, al menos, de que pretenda sentirse, en un momento dado, satisfecha. (Ver Galería de Imágenes)

Por MsC. Heriberto Acanda Ramos.

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