Expo “Huellas urbanas” Abril – Mayo 2012

Por el MsC. Heriberto Acanda Ramos.

Huellas, es el espíritu vivo de una memoria que el espectador querrá convertir en la memoria de su propia alma. La ciudad como un Eleguá que no perece, abre todos los caminos del recuerdo.

La experimentación técnica y la inquieta creación plástica es la inspiración obligada de uno de los más meticulosos artistas vueltabajeros, su copiosa obra hoy trasciende los límites locales, acentuándose con luz propia en escenarios nacionales e internacionales.

Acostumbrados a confrontar con sus recurrentes temáticas que visten de colores la poesía, nos alistamos para disfrutar de una nueva propuesta que tuerce las formas hacia la fotografía digital.

El oficio de pintor no lo encierra ni limita a explorar nuevos modos de expresión, su originalidad creativa desborda la capacidad para discursar de maneras diferentes ante un mismo espectador, con disímiles visiones de la realidad social cubana y pinareña.

Abel Morejón Galá, el muralista sensible, excelente dibujante y pintor se nos presenta con quince instantáneas que revelan la capacidad de síntesis y su perspicaz maestría compositiva, su labor pedagógica le ha ofrecido valiosas herramientas para la comunicación oportuna con indestructible cualidad simbólica e inmenso valor histórico y sentimental.

Pocas han sido las ocasiones en las que he podido involucrarme con tanto interés en el trabajo de un creador como éste, que construye y separa su obra de toda banalidad mercantilista. En sus proyectos, tanto pictóricos como fotográficos, es posible distinguir esa inclinación tan suya por el detalle, acción en la que se respira curiosidad por la poesía, arte al cual solo se llega por la iluminación, pasión y entusiasmo.

La imagen fotográfica está compuesta por elementos recurrentes de nuestra realidad visual, cada temática representada reclama la eternidad de un discurso purificador que acerca al hombre a lo invisible.

El tiempo ha captado la señal, preserva la unidad para reflexionar ante el descuido y la apatía evitable, la totalidad de las obras ilustran el camino hacia el deterioro y destrucción arquitectónica de inmuebles insignes de la cultura nacional.

Paisaje y ciudad dos espacios comunes y corrientes donde el artista ejerce sus primeras contemplaciones reales para con el arte, y es allí desde donde también elige disparar y revelar al espectador, fragmentos de la realidad que suelen obviarse.

El entorno urbano constituye la huella inspiradora de Abel, sugerente cronista visual que refleja intensamente el deterioro urbanístico, escenarios en los que a diario éste se interna a partir de fragmentos monumentales, como piezas de un complejo rompecabezas.
Sus aproximaciones fotográficas actúan como una delicada labor de recolección nostálgica pero a la vez desinhibida, en la que su joven memoria hace las veces, cómo no, de la memoria del otro, de ese espectador que es capaz de percibir allí un escenario familiar, aprehendiendo lo universal, cotidiano y privado.

Como Quijote silencioso propone una nueva mirada a la vida citadina, tantea caminos diversos procurando alejarse de lo convencional con fe en la trascendencia o sacralidad de la imagen, como vehículo esencial para traducir emociones.

En la estructuración compositiva sus obras conservan gran cúmulo de sentimientos, el color llega por la acción, campo de la voluntad, libre juego que purifica la mirada con la visión esencial de ruinas y angustias que marcan la decadencia urbanística como desgarradora ironía. Desde la intimidad del espacio en movimiento, las líneas anuncian que la luz se está haciendo con el tiempo.

Huellas urbanas, renueva vigorosamente el lenguaje del paisaje urbano en Pinar del Río. Contempla lo invisible desde una experiencia mística, participa de lo perfecto, su inspiración vive en la paz de estos desiertos como salvadora de la identidad; actitud estética especial encaminada hacia la gravitación de lo imposible, resurrección sin metamorfosis, como sólida solución temporal de un diálogo aparente en la profundidad de la noche en estado de gracia, acuñada por la mano divina de Abel.

Como ferviente enamorado de su ciudad, Abelito se inscribe de una manera singular dentro de esa tradición artística que ha hecho de la fotografía un método infalible para abordar las problemáticas sociales, a partir de una aguda mirada que responde a su ética personal.

En sus creaciones refleja el acontecer diario desde una perspectiva crítica, sincera y reflexiva: sombras que provocan luces y luces que producen sombras, puertas como símbolos que se abren y se cierran, procesos y retrocesos, de la historia de una ciudad antigua…

Sus obras caracterizadas por dejar testimonio poético de sus experiencias personales, le permiten alcanzar un sello distintivo en la creación visual pinareña. Logra captar la luz con inteligencia, lucidez y con una sensibilidad muy particular que denota su madurez profesional.

El color y las formas se adueñan del espacio, revelándolo como un artista con personalidad propia, fraguada a base de talento, imaginación y originalidad, arroja anclas en las convulsas aguas de la realidad contemporánea.

Dueño de un novedoso lenguaje artístico que funciona como puente entre la pintura y la fotografía, despliega un discurso con afilada precisión, ironía y abundante sentido del humor, para abonar generosamente los terrenos de la auténtica creación plástica del presente.

Huellas urbanas exige del artista la legitimación de la creación contemporánea, nos ha convocado para descubrir el arte a partir de la belleza. (Ver Galerías de Imágenes)

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