Expo «Ecos del Paisaje» – Junio 2011

Por: Pedro Luis Hernández Pérez

portadaSubir montañas o descender a la costa implica seguir huellas ancestrales, de quienes disfrutaron hermosos amaneceres y puestas inolvidables. Desde ese momento, el hombre, quien fue marcando con traza indeleble el paisaje, no pudo desprenderse de él.

Tras ellos fueron los fotógrafos cinco siglos después y descubrieron que aún sobreviven escenarios majestuosos, pocas veces hollados por los humanos y que sin embargo, son los mismos donde todos viven.

El paisaje fantástico sirve de vientre a la vida, por lo cual su accionar está tan unido a las esencias que indubitablemente le transforman y va haciéndole sangrar por profundas heridas, que penetran su piel y deshace en lágrimas torrenciales, cuyo destino va al mar, a la soledad de sí misma, donde se define un tropo, desde el cual la lira del poeta arranca palabras cargadas de amor y crueldad, de miedo y odio. Porque para unos, si existieran paraísos terrenales, el extenso océano, fuente vital de todo, se convierte en escenario divino, e inspira y obliga al ser, para su complemento, a retornar a las cumbres tras las huellas, quienes alguna vez, desde la loma de Los Acuáticos, se sentaban en parejas y parajes singulares a besarse y hacer el amor en la intimidad exclusiva que brindan los escenarios abiertos, donde la vida ha marcado cada espacio y por suerte crece aún; en complicidad con la madre tierra para unos o Pachamama para otros, quien perdona el sufrimiento generado por el hijo que ha creado y a cuenta del cual, se le arruga la piel. Sin embargo, a pesar del sacrificio, cuando sabe que será observada, muestra las mejores galas, para que nadie vea lo feo que su prole le ha hecho, por aquello de que la ropa sucia se lava en casa.

Por ello, el paisaje es único y la fotografía es sólo un medio para hacer recordar que aún está ahí, y que sin él dejarían todos de existir, porque de ella, madre amorosa y permisible, vive el hombre. ¿Será acaso que siempre se debe cumplir el axioma de hacer sufrir a quien más se quiere…?

Desde cualquier escenario llega el eco del paisaje, el fotógrafo sólo alcanza a recogerlo, Raudel del Llano, Pedro Luis Hernández y Armando Marrero, desde la luz que brinda el grupo NATURARTE, desandan la ruta del mar a la montaña y se convierten en portadores del mensaje enviado por la madre naturaleza:

Aquí estoy, para regalar lo que tengo, y ante la bondad de mi entrega, espero puedan salvarme. (Ver Galería de Imágenes)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *