Primera Edición del Evento Provincial de Artes Plásticas Tiburcio Lorenzo Junio-2010

Razones desde el horizonte.

ramon_vazquezCon las  razones  que nos propone el horizonte, no se ha vuelto invisible el paisaje, hoy  posee un misterio imponente se vuelve música, ritmo y poesía. El color como manantial de sonrisas, aparece tierno y melodioso en el concierto de líneas y matices que iluminan el amanecer guajiro.

La galería de arte “Arturo Regueiro” principal escenario de las artes visuales en la capital provincial, se ha transformado en un punto imaginario en el horizonte pinareño y precipitados en una aventura que marca como pocas el arte de nuestro tiempo, inauguramos la exposición colectiva “Razones desde el horizonte”, en esta atractiva y coherente muestra el paisaje ha resultado ser el pretexto inevitable, la provocación necesaria e impostergable para la participación de las más experimentadas generaciones con los nuevos hijuelos, fervientes herederos de sus progenitores culturales.

En cada lienzo perfumado por la luz están cayendo estrellas, las palmeras despeinadas por el viento son el código permanente de las composiciones plásticas que hacen del verano la vegetación más auténtica ya sin tiempo y sin distancia, el río con su extendido cauce es el azar que desempeña un papel tan significativo como las experiencias mezcladas con las inquietudes que involucran a importantes cultivadores del espacio y el aire, sus propuestas son la semilla que jamás perdió el rumbo,  quedaron almacenadas como un precioso alimento en la   memoria.

Como sobrevivientes fugitivos, organizamos en el marco de la Primera Edición del Evento Provincial de artes plásticas Tiburcio Lorenzo, “Razones desde el horizonte”, esa, que desde su lírico lenguaje resultó ser la ocasión para el atinado debate y el análisis de la creación paisajística vueltabajera.

La tarde se vuelve música con la presencia de quince razones que se articulan para contemplar desde el horizonte, la magia creativa de lo más relevante de la creación plástica pinareña, la poesía se llena de vida y de autenticidad mostrando el lugar más agradable del deseo.

Participan quince artistas de diferentes generaciones, con un total de dieciséis obras, quienes invitan a la meditación a partir de un lenguaje sobrio, inteligente y atractivo que recrea el más autentico paisaje cubano.

Las temáticas que se muestran, no están limitadas a la representación contemplativa y  naturalista del tema, sino que dialogan desde la utilización de recursos técnicos y elementos compositivos para representar escenas hermosas y diferentes por múltiples y poderosas razones. Entre ellas, porque los autores son dueños de un cuidado e inteligente discurso, desprovisto de banales y frívolos recursos estilísticos.

La encantadora luz del alba nace entre las nubes, la belleza natural del valle y las verdes montañas, construyen la alegría de vivir rodeados de riachuelos desbordados. El  placer de estar  juntos en la aventura del paisaje, deviene motivos para que esta expo perdure en la mente y en los corazones de todos los espectadores.
El tema “Paisaje y ciudad” constituye el argumento principal de este encuentro: la fantasía de un nuevo amanecer, la bella claridad del mediodía y la elegancia de la noche pueden ser disfrutadas  mediante la apreciación de escenas rurales y personajes en movimiento, los que han sido concebidos a partir del necesario ejercicio del pensamiento.

Las llamaradas del flamboyán que identifican al señor del paisaje, (re)aparece como ráfaga de luz en la inmensidad de la noche proponiendo no pasar desapercibido esta ocasión histórica. Para continuar haciendo historia desde la originalidad  que ofrece el arte de las luces, los colores y las sombras, se reúnen  las más celebres figuras de la vanguardia artística pinareña convocados desde la representación individual del “Paisaje”.

Para ser eternamente consecuentes con nuestro tiempo y coherentes con su carismática  personalidad, nos alistamos para disfrutar de las sugerentes y jocosas  propuestas de Ulises Bretaña, esas que sin derroche de recursos hermosean el ambiente desde la proposición de las románticas prácticas matrimoniales en este tenso y caluroso trópico.

Los refrescantes paisajes en perpetuos torbellinos cromáticos, turbulentos y empastados ya tradicionales del negro Humberto, nos remontan a esa ingenuaza convivencia rural y campesina. El gran mango y el bohío como únicos elementos contrastan con la noche, se difuminan entre los nubarrones que como paraje solitarios se fusionan en la distancia.

El valle de Viñales se rejuvenece, muestra las sistemáticas escenas e historias que son leyendas en movimiento de Ramón Vázquez, movimientos que se transforma en las eróticas pasiones convertidas en apetitosas Venus de Lester, fiel representante de la naturaleza que une a las aguas de los refrescantes torrentes con las empinadas e insinuosas montañas.

Las sorpresivas y galopantes amazonas, místicos personajes femeninos identificados con los jinetes  desnudos de Reguiiro, contrastan con las esperanzadas y sentimentales noches de Raúl esas que desde el sortilegio fugas de la luz, no resultan tan misteriosas ni oscuras.

Como vestuario a la medida en esta fiesta de luces y colores, los reconocidos flamboyanes o árbol del fuego de  Tiburcio, constituyen una iniciativa al análisis contra la corriente de los reconocidos personajes de Irina, sus apacibles figuras femeninas vestidas de paz desde su regazo encuentran como confidente la exuberante y agradable vegetación, se hace evidente la interminable espera de la  novia que medita desde los sueños por su amado ausente. La jugosidad de los colores complementarios utilizados permite que esta composición se presente como antídoto a la desintegración de las identidades, contra los prejuicios y la indiferencia.
Quisbel y Juanito, coinciden en el especial interés de emplear el tema del paisaje como instrumento para conocer y entender, reflexionar y cuestionar al hombre y su medio.

La emocionante composición naturalista y excelentemente diseñada de Aguedo, nos convocan a la meditación del pensamiento rural acariciado por la belleza de nuestras tradicionales e inconfundibles escenas campesinas saturadas de cristalinas aguas, palmeras y verdes montañas que con su traje natural, ponen una fiesta en cada roca, como sonrisa al alma casi rota.

Las hermosas tardes de Don Severo imponen la oportuna e imprescindible  presencia de   Oliva, sublime cronista social que descubre el intercambio con sus enjuiciados personajes de sueños y fantasías, esos que iluminan las más anheladas utopías con máscaras de broma.

Señalando la existencia humana como elemento sui-géneris de sus acontecimientos campestres y sin la necesaria representación física, el genuino representante del más elegante paisaje cubano  García Pórtela no se “Ponchó” con el lanzamiento, este encuentro resultó ser la provocación permanente para soñar desde sugerentes historias campesinas esas que estimulan las deseadas ilusiones, la realidad del presente excelentemente reflejada en su obra resulta la anhelada razón para que la meta inevitable no sea el olvido.
Unidos por el oficio de la técnica, las obras de Yaciel y Luís Valdés  son el espejo reluciente de las aguas transparentes y los empinados mogotes, el vestido a la moda del joven paisaje vislumbrado por la belleza del color.

Cada una de estas pinturas, encierran más allá de lo meramente tradicional, naturalista o contemplativo, los postulados de una sólida y sustancial poética que le dan vida a esta exposición colectiva, la razón de un juego filosófico donde comenzamos a razonar con otredad  de entendimiento, nuestra propia historia del paisaje.

Esta colección personal de “Ricardo Ruiz Córdova”, (Riqui) destacado promotor sociocultural, coleccionista, conservador y milagroso guardián del patrimonio cultural cubano, hoy curada y presentada al público quizás por única vez, es auténtica y veraz expresión  de una singular voz que afortunadamente ya comienza a recibir como reclamaba el maestro, ese elogio oportuno que fomenta el mérito.

En “Razones desde el horizonte” la palabra paisaje se vuelve algo concreto, mesurable y perceptible en su invisibilidad, las dieciséis obras presentadas conforman algo más rico y vital que una mera colección, más bien una coreografía, un espectáculo, una familia, una tribu disímil aunque poderosamente muy bien avenida en esta isla que no es la jungla de hormigón y rascacielos de las grandes ciudades, Cuba es un inmenso paisaje.

Desde las aventuras que relucen la idea de continuar la obra de Tiburcio, hoy se debate esta muestra entre el fuego y la luz como bautizo, su tradicional  flamboyán renace en la eternidad, alumbrando desde la verdad y el amor, para que las razones que nos ofrece el horizonte sean solo el comienzo del largo y empedrado camino, hacia un destino todavía lejano de alcanzar. (Ver Galería de Imágenes)

Msc. Heriberto Acanda Ramos.
10 de junio 2010

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