Salón 20 de Octubre 2008

Agonías e incoherencias de un salón:

capoteHace ya algunos años escribí, refiriéndome a los resultados de premiación y de participación en el Salón 20 de Octubre, que los salones de artes plásticas, no parecían darme nunca, ni paz, ni pureza, era como si estuviera siempre envuelto en el melodrama de la vulgaridad, cinco años después, la agonía o precariedad de este ya tradicional evento, me obliga a romper los límites del silencio, para meditar en correspondencia con la opinión popular, sobre lo que fue una historia de incierto amanecer, marcando un día que todos, jubilosamente celebramos como el de la cultura nacional.

Este gran espectáculo se organiza sobre la base de un eslogan que muy pocos participante tienen en cuenta, por intenciones o descuidos: performance, arte video, arte objeto, grabados, fotografías, pinturas y nada de escultura, se desentonan con la melodía propuesta, es como en las fiestas de quince el cambio de ropas y montaje de un vals, en la tierra del son; aberración que convierte al arte académico, en un simple objeto de exhibición.

Luchando por la subsistencia, sin que a lo mejor tenga sentido la vida, nos llega en esta ocasión  la XXV Edición, soy de la opinión que lo que fuera en el pasado un excelente espacio de confrontación con lo más relevante del arte, ha dejado de existir objetivamente desde hace algunos años.

Evento que ha ido agudizando su crisis creativa, existiendo únicamente para la apariencia, en medio de una ausencia de sueños, originalidad y buen arte que sólo escapa al vacío con gustos exóticos (y ridículos) “exportados”, que ha generado históricamente en los artistas pinareños la decisión de  evasión y no presencia en el salón que debía ser el más esperado. La falsedad y la  falta de incentivo para la creatividad en estos encuentros; ha sido la razón principal para estimular, reconocer y premiar un seudo arte que no trasciende, ni educa estéticamente al pueblo, el gusto estético se desdibuja en premiar la payasada extravagante y banal, que como burla al verdadero arte es asfixiante.

La ausencia de un encuentro riguroso, fuerte y exigente en la técnica y el discurso ha incidido considerablemente, en la lamentable desaparición de importantes figuras que prestigiaron con su reconocida obra, los espacios galerísticos del territorio, el choud  en función de la promoción de esta gran fiesta de octubre, arrastraba tras su abundante programación un  exigente público conocedor y participativo.

Pudiera parecer como progreso, la aparición de jóvenes y desconocidos participantes, en el mayor espectáculo que promueve las artes plásticas: estudiantes, aficionados, artesanos, carpinteros, cultivadores de la expresión corporal y el verbo, recién graduados de nuestra academia provincial y hasta artistas que logran la coherencia entre intención de su discurso y la maestría formal de sus composiciones. Lo que no constituye un indicador de consolidación, desarrollo y si preocupación es la poca participación de la verdadera vanguardia artística, mostrándose apática e indiferente.

Diseccionados o desmotivados; por los fundamentos teóricos que construyen y defiende los “nuevos” teóricos del arte, los menos emprendedores, y sin voluntad para vincularse a las nuevas tendencias (qué novedad) se  alejan atrincherándose a las sombras del olvido, cediendo el paso a creadores  que no participan en el Salón de Arte Joven, (en estado de gravedad intensiva) convocado cada año por la Asociación Hermanos Saíz y que de seguro los ayudaría a encontrar la necesaria armonía entre alma y creación.
Quizás la  inexistencia de nada interesante, sólido y sorprendente, en las obras en concurso, han obligado a los jurados,  premiar en metálico a la misma historia que se repite en cada edición. Su grandilocuencia hace incoherente las decisiones de premiar la idea, el poder de síntesis. ¿Qué es lo nuevo, qué síntesis, hasta cuándo seguiremos pacientemente los artistas y creadores obligados a ver como supercreación lo vulgar, el facilismo y el antiarte?

El artista que hoy exige la sociedad cubana es aquel, que desde su creación sea consecuente con su realidad y su problemática social, su obra debe nacer como fruto de su existencia. Algunos ya entrenados y con la experiencia del discurso de premiación de estos espacios, por oficio se repiten haciendo sonreír a la suerte que los espera, como única salida a la oscuridad que hoy envuelve nuestro escenario, su filosofía en estos tiempos donde muchos se retiran sumergidos en el inmovilismo, es ser un rayo de luz en la pesada, tenebrosa e insuficiente “mecánica contemporánea”.

¿Dónde está lo contemporáneo, en éste que se le llama hoy y aquí, nuevo arte pinareño?; ¿arte contemporánea para quién? estas y otra interrogantes debían ser motivo de reflexión e interés para los gestores y organizadores de este espectáculo anual que convoca el Consejo y el Centro Provincial de las artes plásticas.
“Agonías de un salón” es el título de la obra presentada por el destacado fotógrafo Esteban Díaz Montesino, que como inspiración del artista resume mediante imágenes sobrias, originales y sugerentes un  triste y remoto pasado que nos ha dejado la tristeza del recuerdo.

Como mayor incoherencia curatorial se presentaron desacertadamente dos video arte, que efímeros en su presentación como pobres en su calidad de realización, permanecieron por sólo breves  horas (6 horas), desluciendo aún más la credibilidad del salón,  ¿realizados para quién; para el público o para el jurado?, temas ambiguos, gastados e inmutables, fueron abordados con serios problemas de audio y edición. Desaparecidos por suerte al concluir la ceremonia de premiación y al día siguiente del acto inaugural.

El público exige de los artistas, primero calidad y como máxima, respeto al arte y a la cultura de esta tierra que engendró, capacidad, inteligencia y talento,  para hacer vibrar de emoción los corazones al disfrutar de un arte que a través del disfrute estético contribuya a la educación del pueblo, voto por él, lo deseo y lo proclamo.

Con sólo palabras, intenciones, metáforas y presentaciones de rutina nos enfrentamos a esta edición con mente abierta, para no dejarnos llevar por espejismos, ni dejar de ver lo sublime que de hecho, si  disfrutamos en la fotografía que emerge sencilla, inteligente y muy necesaria para sostener la riqueza interior de artistas y espectadores.

Que esta propuesta presentada en la galería “Arturo Reguiro”, como muestra central y el MAPRI, sea el espejo revelador que nos permita mirarnos hacia dentro, para rectificar la apariencia y el vestuario mal colocado que desentona con un maquillaje inapropiado para la ocasión, que estos sean momentos de confrontación y análisis donde se vista de gala el talento y el buen arte pinareño.

Ojala  exista la inteligencia y la suficiente razón, para no hacer como la bruja de Blancanieves, darle a su espejo un uso superficial, aunque se  atrevió a desafiar la feroz sinceridad del espejo mágico.
“Arquitectura transportable una nueva mirada de estos tiempo”, puede resultar posmoderna, el punto de partida para un debate más general, la manera de educar y formar creadores coherente con las propuestas lanzadas por las instituciones encargadas de crear, dirigir y organizar los procesos promociónales desde el más clásico espacio del arte moderno, parece evidente que algunos de lo jóvenes artistas se sienten fascinados por todo el nuevo mundo del performance,  el arte objeto y los videos de baja calidad y de segunda categoría.

Tengo la absoluta certeza de que la única vía adecuada para escapar de este círculo vicioso, además de la praxis rigurosa en los ejercicios de los jurados, es un punto de vista dialéctico que procure entender el presente como historia.  (Ver Galería de Imágenes)

Heriberto Acanda Ramos.
Octubre 2008

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