Expo Colectiva «Closed» Enero-2006

CERRADO POR BALANCE

“Así pues, la barbarie ha acabado por apoderarse de la cultura. A la sombra de esa gran palabra, crece la intolerancia, al mismo tiempo que el infantilismo. Cuando no es la identidad cultural la que encierra al individuo en su ámbito cultural y, bajo pena de alta traición, le rechaza el acceso a la duda, a la ironía, a la razón –a todo lo que podría sustraerle de la matriz colectiva-, es la industria del ocio, esta creación de la era técnica que reduce a pacotilla las obras del espíritu (o, como se dice en América, de entertainment). Y la vida guiada por el pensamiento cede suavemente su lugar al terrible y ridículo cara a cara del fanático y del zombie”.

La derrota del pensamiento
Alain Finkielkraut

A lo lejos escucho la música de la Charanga Habanera mientras me leo a Finkielkraut. Y como diría el francés nuevamente “(…) todo es cultural”, hasta la Gata salvaje que viene más tarde. La confusión reina en todos los ámbitos y la tan llevada y traída multiculturalidad se convierte en patente de corso para que unos se conviertan en emisores de poder simbólico por encima de otros. Beuys continúa revolviéndose en su tumba, añorando desterrar la departamentalización del arte para acercarlo más a la gente. A Duchamp no le bastó llevar el urinario a la galería en un intento de desmaterializar el objeto artístico para democratizarlo. El ocio ha podido más. Nos ha hecho poner toda la revolución tecnológica en función de productos mediáticos que poco o nada aportan a la sensibilidad; pero pitchea mami, pitchea. Vivimos encerrados a pesar de tener la sensación de una absoluta libertad: apenas pensamos, apenas nos detenemos ante el consumo abusivo de todo tipo de cosa que aceptamos a diario como útil o entretenida, sin apenas marginar, y sin caer en cuenta que somos nosotros los que inconscientemente nos automarginamos.

Una obra de teatro como Aire frío, de Virgilio Piñera, constituye una de las propuestas más vanguardistas que se hayan dado en Cuba en los últimos cincuenta años; imponiendo un reto a los creadores que le sucedieron a la hora de abordar el tema de la insularidad en nuestro contexto. Aunque el encierro al que quisiera referirme no es exclusivo de la isla sino que es extensivo a todo el orbe, es innegable que el hecho de vivir en provincia marca de alguna manera la forma de proyectarse el individuo, amén de que también puede servir como pretexto para autolimitar la creatividad. Casi nadie se detiene a pensar que Lezama Lima, el más universal de los escritores cubanos nunca salió de la calle Trocadero. La poética del absurdo que desarrollara Virgilio, se inscribe dentro de lo más sobresaliente de nuestra cultura y porta una vigencia tremenda en medio de las actuales condiciones sociales.

Los conceptos de “crisis”, “cambio” o “encrucijada” que se manejan actualmente para referirse al estado del arte en Cuba resultan bastante eufemísticos. Y lo más preocupante es que una buena parte de la crítica se une al carrusel. Al margen de los gustos se está estabilizando una indulgencia valorativa que perjudica a todo el circuito artístico. Ya no se trata de asumir la convivencia con el mercado, que de más está decir apenas se percibe, sino de la omisión de la actividad que el curador y el crítico de arte deben protagonizar en el proceso creativo. El mercado se ha tornado una especie de arma de doble filo, necesaria para sobrevivir; pero el camino no acaba ahí.

La opción de agruparse en estos tiempos para emitir ideas a partir de la producción plástica pudiera a simple vista parecer incluso oportunista, cuando en realidad constituye un reto. En Pinar del Río la vida de los grupos artísticos se ha caracterizado por la corta trayectoria, quizá porque para muchos artistas ha sido relativamente más fácil mudarse a la capital. Ars Nabis, nombre del Proyecto Galería, que hoy presenta su primera muestra colectiva, después de crearse el 6 de enero del 2005, intenta poner a consideración de los espectadores algunas reflexiones acerca del destino del hombre en el mundo actual, focalizando en el estado de encierro mental en que nos desarrollamos, y que de cierta forma no nos permite en ocasiones ver más allá de nuestras narices.

Nuestra provincia por tradición ha poseído una efervescencia en el campo artístico que, sobre todo, ha permitido el florecimiento de manifestaciones como las artes plásticas, la literatura y, en menor medida, la música. Closed es un término con el que, casi sin darnos cuenta, convivimos a diario. Lo aplicamos aquí en inglés, de un lado, por las connotaciones universales del idioma y, por otro, como metáfora –que funcionaría por oposición- de la avidez por abrirnos a otros espacios. Sucede que a veces nos sentimos marginados, o que no nos permiten acceder a cierto lugar del cual creemos pudiera depender nuestra realización personal, nuestro esparcimiento o nuestro compromiso. La ineficiencia, la burocracia, la ineptitud o la desidia (a veces todas esas cosas juntas) más que la precariedad en muchos casos, influyen en las deficiencias de la promoción y comercialización del arte en la isla. Y esta es otra de las aristas que pretendemos subrayar a través de este happening: simulacro de subasta, que pretende llamar la atención sobre cómo han sido incluidos unos artistas y otros no en las subastas reales efectuadas en el país, en cierta medida, un termómetro de lo que está sucediendo hoy en la isla con el comercio del arte, sobre todo, porque cabe preguntarse: ¿Qué oportunidad existe en ellas para los artistas que no viven en la capital y para los más jóvenes en general?

Pinar del Río es una provincia que en los últimos años ha logrado llamar la atención alrededor de su escenario artístico mediante la realización de exposiciones valiosas aquí y en La Habana, por el celo en la producción del Salón “20 de octubre”, y la profundidad que se persigue en la curaduría de las muestras. Participar en el salón mencionado se ha convertido con el tiempo en un lugar privilegiado para los creadores, cualquiera no puede acceder a él, y eso es un logro aunque muchos no caigan en cuenta al ser rechazados; sin embargo, se revierte en un punto a su favor cuando lo consiguen.

Los integrantes de Ars Nabis se han unido en un intento por burlar ese orden de cosas que entorpece la aparición del artista de provincia en los circuitos legitimantes. Cuatro de ellos inauguraron una exposición personal en La Habana desde su pertenencia al grupo en la Galería Servando Cabrera y las casas Simón Bolívar y Oswaldo Guayasamín de la Oficina del Historiador, indistintamente. En el caso de Elvis Céllez fue invitado por la primera de éstas a participar en noviembre del pasado año en la Feria Internacional de Toronto, como parte de las acciones del Proyecto Génesis. Varios textos sobre estos artistas, sus recientes muestras, y la actividad del grupo en general han aparecido en el Tabloide Noticias de Arte Cubano, La Jiribilla, Revolución y Cultura, La Gaceta de Cuba, Arte Cubano, Opus Habana y El Caimán Barbudo.

En esta muestra, cuestionarlo todo, desde códigos asociados al catolicismo y otros totalmente profanos, para pulsar el contraste, sigue siendo un recurso en la poética de Juan Suárez, quien a pesar de ser veterano en este terreno, ha decidido unirse a los más jóvenes para canalizar sus inconformidades con los mecanismos promocionales. En los últimos años su obra mejor lograda ha sido aquella que ha hecho uso de rudimentos minimalistas en la consecución de un discurso marcado por la angustia. La contención siempre lo ha caracterizado; pero recientemente ha sabido conjugar con elocuencia su solapada agresividad y su costado lírico en piezas más concisas.

Su hijo Juan Miguel, digno heredero de Suárez, ha aprovechado toda la savia que éste le ha podido aportar y la ha conjugado con su excelente dibujo en la elaboración de un lenguaje cercano al hiperrealismo, donde la figura humana ocupa planos centrales. Generalmente son seres marginados los que recrea en sus lienzos, preocupado por hacerse sentir a partir de explorar en la psicología de los mismos.

En el caso de Irina Elén González, cuya obra de inicio pareciera sólo un epígono de Botero, cuando en realidad lo toma “cínicamente” como referente en su trabajo y junto a él desanda la historia del arte para advertir en ella las variantes de un discurso femenino empeñado en superarse, en no caer en el cliché del feminismo, como lo han tratado casi siempre las artistas mujeres en Cuba. Su modo de hacer se asocia en cierto sentido a lo naive, por su visión aparentemente “aterciopelada” de la realidad. Son como escenas de ensueño, que no persiguen con ello la evasión, sino argüir desde la sutileza.

La ironía es la cuerda en que se mueve la obra de Israel Naranjo. Va en busca de códigos consagrados por el discurso oficial del arte y los coloca en solfa bajo su sarcasmo. La austeridad de elementos dentro del cuadro está en función de un impacto visual similar al de los diseños de carteles. Su pastiche baraja indistintamente la iconografía entendida como culta y popular, para dar la sensación de caos.

Por otro lado la fuerza expresiva de Elvis Céllez no pasa inadvertida, aunque formalmente a algunos les pueda parecer demodé, al utilizar presupuestos neoexpresionistas, con una paleta exaltada en colores cálidos, y por la manera agresiva de abordar sus temas, pero es innegable que remueve llagas generalmente pasadas por alto en el arte que se hace actualmente, más bien dado al hermetismo, la sutileza o los trucos tecnológicos.

Este simulacro que se pretende a través de Closed ojalá quede como sedimento para próximas acciones que cuestionen en algún sentido los cierres impuestos al arte. Los apriorismos manejados en ocasiones por personas e instituciones que regulan el poder de mostrar o no algún tipo de producto cultural, intervienen negativamente en el destino de muchos artistas que pueden quedar varados por una ineficiente comunicación; y al final redunda también en la mala apreciación que el público puede formarse acerca de un espacio imprescindible como el arte. No nos quedemos cerrados sólo por balance. (Ver Galería de Imágenes)

Amalina Bomnin
enero, 2006

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