“Heredero de una pasión” Oct-Nov – 2014

Por el MSc. Heriberto Acanda Ramos.

Cuando ocurre el milagro de palpar una ruptura sin violencia, sentimos que la utopía de la renovación artística constante es posible.

Con cierto matiz místico, se presenta Heredero de una pasión, muestra poco usual en el escenario plástico pinareño, por lo que pretendemos ser cautelosos con la literalidad de la propuesta. La intención es mejorar la envergadura reflexiva sobre el paisaje rural tabacalero, cuidándonos de lo evidente de las composiciones y las formas.

Heredero de una pasión, constituye el mejor preámbulo para adentrarnos con miradas exploratorias en la magia de la creación artística, sin morir en la demencia de nuestro propio laberinto, nuestro destino puede ser la parábola temporal donde se funden: el presente y el arte, la naturaleza, la vida y la creación; en el juego efímero de la existencia.

Esta exposición, se expande por el veguerío y se ramificaba hasta convertirse en este río de luz, donde están todos los cauces y donde nadie puede vivir sin apreciarlo. No hay lamentos, sólo mutaciones interminables y significaciones encontradas.

La figura del legendario veguero pinareño, Don Alejandro Robaina Pereda, florece en la majestuosa escultura, nacida de las manos del artista pinareño, Bárbaro Jesús Abascal Govea, la obra cuidadosamente elaborada, genera un pensamiento reflexivo, donde la línea de manera silenciosa, rompe con la supuesta imparcialidad del discurso efímero citadino.

La sensibilidad del tema y la maestría técnica de Abascal, constituyen un viraje microscópico en el corazón de las palabras y la imagen del maestro sanluiseño.

En el trono familiar se conservará esta emblemática pieza, para que su memoria cultural nunca esté vacía, en sus tierras se rejuvenece la tradición tabacalera vueltabajera como una realidad abierta, dinámica e integradora, donde Alejandro constituye el punto de referencia.

Las imágenes de Alejandro e Hiroshi, se convierten poéticamente en el hilo conductor de la herencia cultural que nos remonta al pasado, sus claves estéticas, quizás no sean accesibles de forma inmediata para una parte de los espectadores, pero, sin dudas, transmiten el estímulo emocional e intelectual de la auténtica creación visual.

La experimentación gráfica de Nelson Domínguez, constituye una prueba fehaciente de su legendaria inspiración por los Habanos Robaina. Al reflexionar sobre el tema y como en la poesía o la música, Nelson compone sus obras con la fluidez del agua y la velocidad de la luz, aborda el aroma y la fragancia del tabaco como un experimento científico.

Javier Núñez, reflexiona con sus instantáneas desde el rumor de las voces y la imagen del nieto heredero, como viajero infatigable y gran asimilador e integrador de contrastes y culturas del mundo real. Una de las características más relevantes de sus polisémicas composiciones, es la utilización de la imagen de Hiroshi, como motivo inspirador en faenas cotidianas, disfrutando el paisaje rural y fiel protagonista de la contemplación activa de las afamadas vegas.

Sin precipitación ni mimetismo, continuaremos apostando por el acercamiento necesario entre arte y tradición, apartando la cultura artística de actitudes ordinarias: la violencia, la discrepancia, la envidia o el desafío, enriquecidos en nuestro tiempo por las fricciones humanas.

Tratar de realizar una exposición de artes visuales en Cuba, abordando el tema del tabaco, sin la imagen de Alejandro Robaina, implicaría un vacío que desborda los límites de la razón, su eterna presencia entre nosotros, se consolida con la pasión de su nieto heredero Hiroshi, lo que nos indica que hemos encontrado la brújula para reconsiderar todos los caminos.

Heredero de una pasión, demuestra la urgente presencia de la reina de las facultades, la imaginación, seamos paciente entre lo aparente y lo esencial; en esta ocasión, el poder de la verdad absoluta solo resulta una ironía.

Constituye esta exposición colectiva de Nelson, Javier y Bárbaro una muestra paradigmática, la cual condensa todo un proceso de perfeccionamiento de la fotografía; y la aplicación minuciosa del dibujo en el grabado y la escultura.

En las cuchillas de Barbacoa en San Luis, el veguerío es el espacio infinito donde se manifiesta el explícito placer de ser guajiro. En la Finca el Pinar, razón de inspiración de estos tres artistas, encontraremos las puertas de la salvación, el sueño y el amor por la tierra prometida donde se cultiva el campo y la poesía. (Ver Galería de de imágenes)

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