Expo Quinta Edición Salón Experimental de Arte Erótico Arturo Regueiro Junio-2013

Por el MSc. Heriberto Acanda Ramos.

En busca de palabras mejores que el sabio silencio, encuentro en este intercambio con la fotografía, el grabado, la pintura y el dibujo, variaciones de madurez e inocencia, picardía y arte…

Evidentemente, la intensidad de un anterior contacto con hechos y cosas no basta para imprimirles la naturaleza del recuerdo. La elección se efectúa según motivos que se dirían caprichosos, si no fuera por la devorante seriedad de estas obras, las cuales nos hace creer que en ellas se condensa la esencia misma de nuestra propia vida.

Estamos aquí, sin duda, en el plano de lo instintivo, si es el instinto quien nos hace ser lo que somos y perseverar en el sentido de nuestras premisas vitales. La figura del creador de imágenes se nos ofrece sin sus tópicos rebuscados; lo erótico aquí no es motivo de ironías ni de polémicas, o de epidérmicos enfrentamientos en la «familia» plástica pinareña.

El Salón Experimental de Arte Erótico Arturo Regueiro, en su Quinta Edición, es inevitablemente, un descender a la tiniebla fecunda de los orígenes donde nos espera lo universal humano.

A pesar del esfuerzo por arriesgar la participación de la alta vanguardia pinareña, su acostumbrada ausencia nos provoca una fatigosa dulzura. Inauguramos esta edición en momentos, sobre todo, de apatía o de agotamiento intelectual; también en tiempos de superficialidad patente.

Se trata de respirar en un instante la atmósfera enrarecida y vital, y confortarnos con la magnífica participación de la diferencia, la que no se estanca en nuestra alma o en la del espectador más humilde.

Intento y sigo intentando decir más con menos, el protagonismo juvenil, sigue siendo elemental en los acontecimientos culturales en la Regueiro. Aquí todos los artistas que participan son hermanos. Sólo es distinto el impulso interactivo que la vida interior dará en adelante a estos agonizantes eventos: alguno sentirá agigantarse en su alma el recuerdo remoto hasta abarcar el cielo, la tierra y a sí mismo.

Me cuento entre los que consideran el erotismo y el sexo como unas de las pocas cosas todavía interesantes, placenteras y fascinantes de este mundo infame.

Al abordar el erotismo, lo interpreto como la fuente del poder sexual, es la curiosidad y la pasión. En la mayoría de las obras presentadas, la figura del artista emerge del vacío y de la soledad social en que se encuentra. Me refiero a que se rescata lo esencial de la misma y de su mensaje.

Con el arte erótico, podemos gozar de un harén de maravillas distintas y nunca repetidas. No existen dos cabellos iguales, no hay tampoco olores iguales, no hay dos cutis con la misma textura, y jamás la luz, temperatura o sombra ni el mismo gesto, pues un amante cuando es movido por el verdadero amor, puede recorrer siglos y siglos de tradición amorosa.

Sin la intención de refundar o reconducir la historia o especular en torno a los fundamentos evolutivos del arte, que he elegido para reflexionar esta edición, es una manera silenciosa de romper con la supuesta imparcialidad del discurso académico, una imprescindible opción para la aproximación a la cultura plástica vueltabajera, la inspiración inagotable que fomenta el diálogo con los presupuestos constructivos del lenguaje internacional del arte.

El erotismo depende de la situación no del desnudo, por lo tanto, nada es tan saludable como, frente a cualquier alta construcción de la fantasía, esforzarse por penetrarla dejando de lado lo grotesco y atrapar los símbolos esenciales. (Ver Galería de de imágenes)

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